30 agosto 2006

De qué hablamos cuando hablamos de literatura infantil

Javier Miranda-Luque

El título es un leasing involuntario de Raymond Carver para poder hablar de libros y lectores que se inician en este vicio luminoso de hilvanar letras con los ojos; recorrer palabras enteras; acariciar líneas de texto con nuestras pupilas; oler, sí, oler el papel aromatizado de tinta; abanicarnos el rostro con las hojas de los libros; enterarnos, aprender, comprobar, imaginar, ficcionar, evadirnos, reencontrarnos con personajes que piensan y sienten y se comportan casi-casi que como nosotros mismos.

La lectura nos enseña que sí somos islas, pero existen vastos archipiélagos donde pasearnos y compartir ideas que nos sorprenden, nos retan, nos seducen, nos incomodan, nos maravillan. Y no importa en qué formato leas: un libro, el periódico, blogs, publicaciones digitales, manuscritos arrugados y amarillos. Los lectores no queremos exclusiones a la hora de sumergirnos en papel bond blanqueado en exceso que contrasta con la arquitectura de las letras negrísimas que conforman auténticas urbes MAYÚSCULAS y minúsculas, itálicas, subrayadas y bold, por ejemplo, o la luminosidad de la pantalla de la computadora y sus ciberdiseños neo-caprichosos.

Ya van dos párrafos y todavía no se habla de literatura infantil

Más que un género, yo afirmo que la literatura infantil es una actitud de desenfado ante uno mismo y ante el entorno. Es asumir la curiosidad como estilo, ejercer a plenitud nuestra capacidad de asombro al leer, pero, sobretodo, al escribir. Se trata –creo– de desprendernos de las camisas de fuerza que hemos venido coleccionando o nos han endilgado sin oponer demasiada resistencia. ¿Dentro de qué rango de edad oscilan nuestros lectores? ¿Por qué, pues, limitarnos…limitarlos? Lo importante, me digo, es que oscilen entre lecturas, propias y ajenas, enriqueciendo los textos con sus imágenes mentales, que se disparen, a su vez, sus ocurrencias. Si ello ocurre, habremos concretado nuestro cometido de reinventar, redenominar, renarrar el mundo. Personalmente, como autor de textos para niños, asumo la escritura “infantil” con una libertad y disfrute ilimitados, exigiéndome, simplemente, la legibilidad, la inteligibilidad, la amenidad no condescendiente (no sé si llamarla complicidad). Mi termómetro, al respecto, son mis hijas (lectoras feroces y jueces despiadadas de mis juegos de ficción).

Anécdota breve

En esto de la literatura infantil yo empecé escribiéndole cuentos a mi hija Lorena, entre sus lecturas de una entrega de Harry Potter y la siguiente. Ocurrió el premio de Monte Avila Editores, la publicación de “El baile de los elefantes” y su primera reimpresión. Gracias a ello, Editorial San Pablo me publica “A-B-Zoo del arca de Noé”. En ambos casos, tuve la suerte de contar con un par de soberbios ilustradores que enriquecieron, con sus visiones, cada libro: Idana Rodríguez y Oswaldo Rosales. Las ediciones, también, resultaron impecables en su atractiva policromía. Desde aquel entonces no he parado de ficcionar y sonreír.

“Leer es un imperativo social”

El filósofo ibérico José Antonio Marina suscribe la frase anterior y la sustenta argumentando que el proceso de la lectura conlleva un contacto directo con el lenguaje que incita la inteligencia lingüística, el dominio del idioma y la calidad de vida en términos de comprensión, abstracción y posibilidades concretas de autoexpresión, comunicación e interrelación con los diversos entornos.

Hogares sin libros

Leer, como todo lo demás, es una conducta imitativa, de emulación. Si yo niño crezco en un hogar donde mis padres y hermanos leen con cierta regularidad y dispongo de una “bibliotequita” (algún estante con varios libros cuyas existencias superen el diccionario paupérrimo, los libros de texto escolar y la enciclopedia adquirida en cómodas cuotas crediticias), pues posiblemente me contagie con ese extraño hábito de sostener un libro ante mis ojos.

Lector rebelde el lector

La otra opción es leer por purita rebeldía, porque me da la gana, porque mis familiares jamás se han leído ningún libro en su vida y el otro día yo vi a una nena bien bonita leyéndose un libro como si se lo estuviera comiendo con los ojos y hasta parecía que se divertía, ya que sonreía mucho, y la pasaba bien.

Leer es fashion, cool, fino, whatever, pues

Si los chamos descubrieran lo bien que se ven leyendo: elegantes, seguros de sí mismos, enterados…
—Epale, ¿ya te leíste el capítulo 11?
—¡Paso y gano, carnal, estoy terminando el libro!

Infantil: género literario huérfano

El paisaje de la literatura para niños es un desierto. Escasean brutalmente los concursos literarios respectivos que constituyen, prácticamente, la única posibilidad de publicar los contados títulos que aparecen cada año. Son excepcionales la promoción de mercadeo, campañas comunicacionales y reseñas de prensa.

Bibliotecas en lugar de canchas deportivas

Escudado tras uno de mis personajes, aún inédito, proclamo que las cosas serían distintas si en lugar de las miles de canchas deportivas que se oxidan en lo recóndito de toda la geografía venezolana, se hubiesen edificado bibliotecas (tradicionales y virtuales), centros de computación con conexión inmediata al planeta, vía Internet. Pero no, nosotros aquí, desde siempre, preferimos exportar misses y boxeadores. Tranquilo, pana, que el equipo gana y nunca se ha sabido nada de equipos de lectores invictos en qué…

Campaña de promoción de la lectura

Naif que soy, yo escribí y presenté a varios entes corporativos una campaña de promoción de la lectura a la que se dispensó la más gélida indiferencia. Pueden acceder a ella a través de este vínculo http://www.ficcionbreve.org/cuentos/golpiano.htm que les permitirá, si les provoca, considerar esta propuesta comunicacional que celebra el hábito lector en tales términos: “La aventura de leer pica y se extiende. Contágiate tú también con esta emoción llena de vida”, contentiva en mi relato ganador del Concurso Sacven 2005, “Golpes de piano”.

Día del niño…lector, por favor

El blogger denominado “lector_feroz, a propósito del día infantil, convida a la experiencia organoléptica de “llevar al niño a una librería e invitarlo a escoger algún libro que le llame la atención. Que toque el libro, primero con los ojos, después que lo tome entre sus propias manos, que lo sopese(…) que lo abra y se encuentre con las palabras e ilustraciones (…) que el niño se sume a nuestro singular colectivo de lectores, que aprenda a disfrutar nuestros placeres. (…) Leer es un juego gratificante y divertido”. Este es el link respectivo: http://blog_del_lector_feroz.zoomblog.com/archivo/2006/07/14/leyendo-se-celebra-el-dia-del-nino.html

Lectura recomendada: Amo perdido

Ediciones B de Colombia acaba de distribuir en el país una colección de textos infantiles (“Iguana”), con la peculiaridad desacostumbrada de la sobriedad, la modestia, el ahorro de recursos, la ecología consciente. Portada amarilla sin el derroche de la cuatricomía y 86 páginas con textos e ilustraciones en tinta negra y escala de grises. Autor: el caraqueño Tomás Onaindia. Grafismos a mano alzada del colombiano Alvaro Sánchez. Título: Amo perdido. El narrador es un perro que nos permite enterarnos de sus peripecias cada vez que elige un dueño distinto y los diferentes nombres que le pone cada uno. Yo lector lo denominé “Hölderlin”, igual que el intenso poeta alemán que estaba más loco que el carajo. Como uno. Como d(i)os.

Y a ver si de una buena vez y para siempre aprendemos a mercadear nuestros libros, simplemente fijándonos en este minúsculo paradigma de Ediciones B: un pequeño y vistoso stand fabricado en cartón duro a dos colores, contentivo de su colección de libros a la altura de los ojos del lector, inteligentemente ubicado, por ejemplo, a la entrada de la librería Centro Plaza. Libros a la vista, a la mano, que nos entran por los ojos y, esa es la idea, terminan en nuestros bolsillos.

Santa Joanna-ká Rowling

Bendita sea esta mujer que catapultó la literatura infantil en plan estrella de rock. Ella y sir Elton John. Ella y los Rolling Stones. El fenónemo Rowling (aparte de sus colaterales hollywodenses), no sólo logró que los niños leyeran, sino que –posiblemente– bastantes jóvenes y adúlteros de cualquier rango cronológico, por primera vez en sus vidas, “consumiesen” un libro y, a lo mejor, otro. Mi mayor deseo es que esta gente desperdigada por el planeta se haya “colgado” de la lectura.

Así que, Jota-ká, escucha nuestra plegaria pagana y sigue escribiendo y publicando, continúa vendiendo y acumulando derechos de autor. Te lo pedimos, beatífica patrona de los bestsellers, señora de los milagros narrativos, nosotros, los editados en tirajes de cuatro cifras bajas y azarosa distribución, sin importarnos para nada que tu casa editorial subcontrate media docena de escritores “negros” (así se les llama, por dios, sin racismo; “negros” de tanta tinta ajena. La industria Rowling, además, genera empleos directos, pero sobretodo indirectos: cuenten, si no, traductores, correctores, impresores, acomodadores de libros, clonadores filibusteros, buhoneros cooperativizados).

Y óyeme, Yéi-Kéi, no mates al Potter (mira que yo bien me sé que esto es apenas una amenaza de marketing full orquestada por tu top executive advertising staff). Déjale vivir su vida desvinculada de la tuya. Simplemente dale un respiro al Harry que ya es patrimonio de tus lectores. Permítele disfrutar su empate con Hermione y sus vivencias adolescentes, cual hijo de la Gran Bretaña contemporánea que es, chateando por messenger y mofándose de la foto en ropa íntima de Camila Parker Bowles que circula en internet. Nada menos. Nada más. Amén.

3 Comments:

Blogger Javier Miranda-Luque said...

Mi omisión me obliga: deseo resaltar que la imagen que ilustra mi post es obra del artista gráfico venezolano Oswaldo Rosales, contentiva en mi libro "ABZOO del Arca de Noé" (Editorial San Pablo, Caracas, 2006). Oye, y qué bien se está aquí, en esta juguetería, con tamaños compañeros de lujo.

12:28 p. m.  
Blogger Cynthia said...

Entre tantas cosas que dijo lo que que más deseo enfatizar es su recomendación del libro "Amo perdido" de Tomás Onaindia, es realmente muy bueno y auque soy una lectora más, tambien les sugiero "Max y los Felinos" de esta misma colección, no los he terminado de leer todos pero estos dos están casi insuperables.

10:20 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Mempo Giardinelli recomendó mucho otro título de esa colección: NUEVE MIL KILÓMETROS Y TU ABRAZO de Méndez Guédez, y también me gustó mucho el de Zupcic, algo de La Bolita, no recuerdo el título exacto pero está muy bien.

Carmen

5:40 p. m.  

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